Micah Goodman y la reinvención del diálogo judío
Por: Consejo Editorial de Magen Publishers
En la historia de las ideas, existen libros que describen la realidad y libros que aspiran a transformarla. The Wondering Jew (que bajo el sello de Magen Publishers presentamos como El Enigma Judío) pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. Micah Goodman no se propone simplemente analizar la sociología de Israel; su objetivo es mucho más ambicioso y, por qué no decirlo, urgente: rescatar al judaísmo de la trampa binaria en la que ha caído tras el encuentro con la modernidad.
El Dilema de la Autonomía vs. la Trascendencia
El punto de partida de Goodman es una pregunta que resuena en cualquier individuo del siglo XXI, sea judío o no: ¿Es posible ser un sujeto plenamente autónomo, dueño de su propia voluntad y razón, y al mismo tiempo pertenecer a una tradición que demanda obediencia y autotrascendencia?
Para Goodman, la modernidad ofreció al judío la liberación del gueto, pero le impuso un precio altísimo: la fragmentación de su identidad. De un lado, quedó el "judío secular", que abrazó la soberanía del "yo" pero a menudo a costa de un vacío de sentido histórico y espiritual. Del otro, el "judío religioso", que para proteger la llama de la tradición levantó muros de contención que terminaron por asfixiar la curiosidad y la adaptación. Esta ruptura no es solo una división política en la Knéset; es una herida abierta en el alma de cada individuo que intenta navegar el presente.
La Galería de los Rebeldes: De Ahad Ha'am a Berdichevsky
Para dotar de cuerpo a su análisis, Goodman nos invita a un recorrido fascinante por los pensadores que dieron forma al pensamiento nacional judío. El artículo se detiene en la tensión creativa entre figuras como Ahad Ha’am y Micha Josef Berdichevsky.
Ahad Ha’am, el padre del sionismo cultural, es presentado por Goodman como el visionario que entendió que un Estado judío sin cultura judía sería simplemente un "Estado de judíos", una entidad política vacía de espíritu. Su propuesta era clara: el judaísmo debía secularizarse para sobrevivir, pero esa secularización no debía ser un abandono, sino una apropiación de los textos y la ética profética como patrimonio cultural nacional.
Frente a él, Berdichevsky representa la revuelta total. Él clamaba por un "cambio de valores" (influenciado por Nietzsche), argumentando que el peso de los libros había aplastado la vitalidad del pueblo. Goodman analiza estas dos posturas para mostrar que la identidad israelí actual es heredera de esta tensión inacabada: el deseo de ser "como todas las naciones" y la necesidad de ser "un pueblo único".
La "Shammaización" del Judaísmo Moderno
Uno de los aportes más brillantes de Goodman en este libro es su reinterpretación de las escuelas de Hillel y Shammai aplicada a la crisis actual. En el Talmud, la escuela de Hillel prevalecía no porque sus argumentos fueran necesariamente más lógicos, sino porque sus seguidores eran humildes, estudiaban las opiniones de sus oponentes y las citaban incluso antes que las propias. El judaísmo de Hillel era un judaísmo de "conversación", donde la verdad no era un objeto estático, sino un proceso dialéctico.
Goodman sostiene que el judaísmo institucional contemporáneo ha sufrido un proceso de "shammaización". Ante la amenaza de la asimilación y la crítica externa, la ortodoxia se ha vuelto defensiva, rígida y temerosa de la diversidad interna. Al volverse una ideología de resistencia, ha perdido la capacidad de dialogar con la modernidad de forma fecunda. El autor nos advierte que cuando una religión deja de ser una conversación para convertirse en un conjunto de prohibiciones, pierde su capacidad de inspirar a las nuevas generaciones que buscan autenticidad por encima de la obediencia mecánica.
La Promesa del Tradicionalismo y la Tercera Vía
¿Existe una salida? Goodman la encuentra en lo que él llama la "Tercera Vía" o el "Tradicionalismo". Aquí, el libro adquiere un matiz especialmente interesante para el lector hispanohablante al rescatar la sensibilidad sefardí y oriental. A diferencia del modelo europeo (ashkenazí), marcado por rupturas ideológicas radicales —o eres bundista secular o eres ultraortodoxo—, el mundo sefardí mantuvo una relación mucho más orgánica con la tradición.
El "tradicionalista" en el esquema de Goodman es aquel que no necesita definirse a través de la negación. Puede ir a la sinagoga en Shabat y ver un partido de fútbol por la tarde; puede ser fiel a la mesa de su abuelo sin sentir que debe rechazar la ciencia o la libertad individual. Para Goodman, esta no es una postura de "compromiso tibio", sino una forma sofisticada de identidad que acepta la complejidad y rechaza las etiquetas binarias. Es el retorno al modelo de Hillel: una vida que integra polos opuestos.
La Ética por encima del Ritual
Finalmente, el artículo debe abordar la visión de Goodman sobre el papel del Estado de Israel en esta metamorfosis. El autor lanza un desafío audaz: si el sionismo logró sacar a los judíos del exilio físico, ahora le toca al judaísmo israelí sacar "el exilio del judaísmo".
En la Diáspora, muchos rituales y leyes funcionaron como mecanismos de defensa para evitar la desaparición como minoría. Pero en un Estado soberano, esos mecanismos defensivos ya no son necesarios. Goodman argumenta que hoy tenemos la oportunidad histórica de elevar la ética por encima del ritual. Podemos permitirnos un judaísmo que no tenga miedo de ser criticado, que no necesite imponerse por ley y que florezca a través de la creatividad cultural y el compromiso social.
Conclusión: Un Mapa para el Enigma
Publicar The Wondering Jew es, para Magen Publishers, un acto de responsabilidad editorial. En un tiempo donde los discursos de odio y la incomprensión parecen ganar terreno, Micah Goodman nos ofrece un mapa para navegar el enigma de nuestra propia identidad.
Este libro no ofrece soluciones fáciles ni recetas políticas. Ofrece algo mucho más valioso: un espacio de conversación. Nos enseña que ser judío en el siglo XXI no es resolver una ecuación, sino aprender a vivir en la pregunta, abrazando tanto nuestra herencia milenaria como nuestra libertad moderna. Como bien concluye Goodman, el futuro del pueblo judío no depende de la victoria de un bando sobre otro, sino de nuestra capacidad para volver a sentarnos a la mesa de Hillel y reconocer que, en la multiplicidad de nuestras voces, reside nuestra verdadera fuerza.


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